Hasta los años 60 la fotografía artística estaba dominada por el uso del blanco y negro, dejando el color al ámbito amateur y comercial. Toda una serie de grandes fotógrafos había creado una tradición de la que era difícil escapar, y nombres icónicos como Cartier-Bresson manifestaban su profunda animadversión por un tipo de imágenes que rompían con una historia en grises que arrancaba desde los orígenes de la fotografía.

Tampoco las galerías ni los museos habían manifestado en ningún momento su interés en romper con una frontera trazada décadas atrás, y que restringía los usos y gustos por las diferentes emulsiones fotográficas.

Fotografía de Joel Meyerowitz

Pero, inevitablemente había una cultura popular que se estaba gestando lejos de las grandes instituciones y templos artísticos. Una cultura que surgió primigeniamente en Estados Unidos, protagonizada por una generación que había crecido con el color, y que veía la vida en tonos distintos a los que van del negro al blanco.

Conocían también la historia de la fotografía y sus clásicos, pero tenían una visión que había bebido de la publicidad, el cine o el cómic. Así, esa generación inevitablemente saltó también a la fotografía, y una serie de autores comenzaron a ser reconocidos a mediados de los 60. Uno de ellos fue el norteamericano Joel Meyerowitz, al que dedicaré las siguientes líneas.

Como muchos fotógrafos de la época, allá por los comienzos de los años 60, e inspirado por el trabajo de Robert Frank y Garry Winogrand, salió a las calles con el afán de imitar esa fotografía de calle tan dinámica, creativa y personal, utilizando una cámara de 35 mm y película en blanco y negro.

Fotografía de Joel Meyerowitz

De hecho, como muestra de esa influencia, hay que recordar la anécdota de que Meyerowitz era director de arte en una agencia de publicidad, cuando, al ver como trabajaba para un encargo Robert Frank, quedó auténticamente impactado, y decidió que su vida tenía que estar unida a algo tan mágico y especial como la fotografía.

A mediados de década Meyerowitz decidió probar también el color, y se dio cuenta que las diferentes tonalidades proporcionaban a las imágenes unas cualidades descriptivas que no tenía el blanco y negro. Las fotografías alcanzaban una dimensión diferente, y unos matices que según él no podían ofrecer los diferentes abanicos de grises.

El color formaba parte de nuestra experiencia, de nuestra vida, ya que nuestra memoria y nuestros sentimientos ante las cosas van unidos al color y a su color, algo que para Joel, aumentaba las posibilidades de respuesta ante una fotografía. A comienzos de los 70, ya sólo utilizaba color.

Este paso al color fue acompañado también de un cambio de las cámaras de 35 mm a las cámaras de gran formato (una Deardoff de 8×10 que todavía sigue utilizando), donde encontró un detalle y unas posibilidades visuales que no tenían las máquinas más pequeñas, defraudado por la falta de nitidez y grano que generaban esas películas.

Perdió en movilidad y rapidez con este paso, especialmente para realizar esa fotografía de calle en la que se inició su carrera, pero aprovechó otras posibilidades que te otorgan las cámaras técnicas, como es el trabajar de una forma más meditada y pausada.

Aunque la fotografía de calle ha sido uno de los grandes temas a lo largo de su carrera, su primer y, en mi opinión, mejor libro, fue “Cape light”, un fascinante conjunto de imágenes de Cape Cod, un lugar de veraneo de los Estados Unidos.

Fotografía de Joel Meyerowitz

Meyerowitz consigue unas fotografías cargadas de belleza exterior, pero repletas de fuerza interior, transmitiendo unas sensaciones que conectan directamente con los sentidos más profundos. Belleza, simplicidad, luz, un juego que en manos de algunos fotógrafos son herramientas capaces de trascender más allá de la cerrada visión de una imagen.

Otro hito importante en su carrera fueron las fotografías realizadas en la zona cero de Nueva York después del 11-S. Fue difícil acceder a un sitio tan protegido y reservado, pero con la ayuda del Museo de la Ciudad de Nueva York consiguió el permiso necesario, y fue retratando los increíbles esfuerzos que estaban realizando para demoler y reconstruir la zona.

Fotografía de Joel Meyerowitz

Unas imágenes impactantes, con una realidad que parece sacada de otro mundo, donde podemos ver los interiores de ese devastado espacio de la gran manzana.

Fotografía de Joel Meyerowitz

En los últimos años ha estado trabajando en un proyecto municipal de Nueva York, realizando un ingente trabajo documental de la zonas naturales de la ciudad norteamericana.

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